8M Día de la mujer: Libera la fiera femenina

Ayer, enmarcado en el festival “Ellas crean” que hasta el 12 de abril se muestra en Conde Duque, asistí a la representación de Staying alive: the sacrifice os giants. Una pieza de danza en la que, entre sonidos acuáticos y oceánicos, cuatro mujeres-delfín hacen ver la sobrecogedora belleza con que estos animales se mueven en libertad, y cómo se van apagando ante el cautiverio. Al ver a estas mujeres representando a los cetáceos, primero brillantes, exultantes, haciéndose cargo de toda la amplitud de expresión que la vida ofrece en sus propios cuerpos y después viéndose este restringido por unas manos cazadoras, combativas y, sí, quizá masculinas, tratando de apresarlas, echándoles encima redes y sujetando con fiereza fría e impasible sus cabezas, sus mandíbulas, no pude evitar sentir la punzada del paralelismo que ante mi se hacía evidente: a las mujeres también muchas veces, del mismo modo, se nos ha tratado de apresar, de limitar nuestro natural movimiento y nuestra libre expresión.

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Al salir, doy así como quien no quiere la cosa con Arturo Prins. Su película Autopsia de un amor que se está proyectando desde el 20 de febrero y hasta la semana próxima en el Pequeño Cine Estudio Magallanes, genera un debate en torno a la opinión que defiende Arturo y alguno de sus colegas acerca del origen de los problemas de pareja: desear el control sobre el placer del otro. Arturo comenta que el placer de la mujer que es interminable e inmenso, y nombra el temor que existe en el hombre de ser devorado por esa gruta, por ese placer descomunal que él no siente con tal intensidad y que es incapaz de controlar. ¿Es por eso que se nos ha reducido y limitado a las mujeres durante milenios? ¿Qué pasaría si las mujeres se hiciesen cargo de ese placer hasta las cotas de las que son capaces? Es la pregunta que deja Arturo en el aire.

Hoy me hago partícipe de la marea violeta que ha avanzado desde Cibeles hasta la Puerta del Sol, celebrando el día de la mujer. En ella me encuentro una vulva femenina que pasea en procesión, bien visible, a plena luz del día, sin nada que esconder, y no puedo evitar reír. ¿Cuándo antinaturalizamos tanto todo este asunto, por Dios@?

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La manifestación ha contado con una batucada femenina potentísima, que ha llenado de ímpetu y aliento el avance de las mujeres, haciendo retumbar el asfalto bajo nuestros pies. Desconozco por qué se eligió en su momento el color violeta para abanderar este día. Una chica me responde que es el color de la integridad. Y me gusta esta explicación. Las veo avanzar. El brío de los tambores inunda el centro de Madrid. Las mujeres dueñas de su fuerza vienen así, alegres, tomando en las manos el poder del entusiasmo, de la música que hace despertar la tierra que habitamos, la que también es femenina, la que debajo del asfalto nos sustenta a todos, sin excepción. Agradezco con profundidad y alivio la fuerza de esos tambores tocados por mujeres en mitad de la ciudad, cuya vibración asciende por mis piernas y retumba en mi centro, recordándome una unión ancestral con algo que está más allá de toda máscara, de toda convención social, de toda restricción que aleja de una fuerza natural que nos habita, de la que formamos parte. Hoy puedo moverme, sí, puedo danzar con otras por las calles de mi ciudad y estoy agradecida. Y recuerdo y añoro esos años en la isla en los que danzaba mucho más plenamente descalza en la tierra, también con tambores, también con otras mujeres.

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Algunas opinan que la mujer del siglo XXI está completamente liberada y que muchos de los problemas que la generación de nuestras abuelas o nuestras madres vivieron ya no nos afectan, que han dejado de pulular definitivamente por nuestro inconsciente y nuestras células. Ojalá pronto así sea. Sin embargo hemos de tener presente que aún queda mucho por hacer. Son, quizá, muchos pequeños restos, y no tan pequeños, los que aún nos quedan por pulir.

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Pero, sí, afortunadamente, hemos avanzando, y lo seguimos haciendo,

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A algunas, y me incluyo, nos rechina la palabra feminismo. Y sin embargo no puedo evitar hacerme consciente de que nuestra generación tiene tanto y tanto que agradecer a todas las mujeres que empezaron, pocas y solas, a luchar en su momento, a hacerse visibles cuando era realmete peligroso hacerlo. Cuando en este momento, en según que partes del mundo, o en según que ambientes y en aspectos muy sutiles, aún lo es. Y tampoco puedo evitar que se me venga a la cabeza este párrafo del hilarante y a la vez crudo libro de Caitlin Moran Cómo ser mujer.

“Sin feminismo no te dejarían debatir el lugar de la mujer en la sociedad. Estarías demasiado ocupada pariendo en el suelo de la cocina, mordiendo una cuchara de madera para no estropear la partida de cartas de los hombres, antes de volver a limpiar la cal del retrete. Por eso me hacen tanta gracia esas mujeres columnistas del Daily Mail que se quejan diariamente del feminismo. Te pagan mil seiscientas libras por ello, querida, pienso. Y apuesto a que van a tu cuenta bancaria, no a la de tu marido. Cuantas más mujeres protesten, en voz alta, contra el feminismo, más probarán no solo que éste existe sino también que disfrutan de sus privilegios, ganados con tanto esfuerzo. (…) La idea de que nosotras nunca aceptaríamos chicas fáciles, chicas poco inteligentes, chicas criticonas, chicas que contratan señoras de la limpieza, chicas que se quedan en casa con sus hijos, chicas con un mini Metro rosa con pegatinas de “¡Impulsado por polvo de hadas!” en el parachoques, chicas con burka, o chicas a las que les gusta imaginarse casadas con Zach Braff de Scrubs, con el que se acuestan a veces en la ambulancia mientras el resto del reparto mira y luego aplaude. Pues, ¿sabes una cosa? En el feminismo entramos todas. ¿Qué es el feminismo? Sólo la convicción de que las mujeres deben ser tan libres como los hombres, por muy chifladas, estúpidas, crédulas, mal vestidas, gordas, menguantes, vagas y engreídas que sean. ¿Que si eres feminista? Ja, ja, ja. Por supuesto que sí.”

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Esperemos que podamos liberar cada vez más nuestra fiera femenina, que no es otra cosa que nuestra autenticidad, quienes somos verdaderamente, sin más máscaras impuestas, sin coerciones de las verdades que encerramos en nuestras psiques y en nuestros cuerpos. Nuestra conexión con los ciclos de la vida y con la maternidad probablemente encierre el gran potencial de hacernos conscientes con algo más de facilidad conscientes de una grandeza que Es más allá de lo establecido, de esa necesidad de control generalizado que existe entre los seres humanos ante la imposibilidad de abarcar la grandeza de la vida, de la que formamos parte. Quizá reconectar con ese mundo devuelva a la sociedad en general muchas cosas de las que adolece, que ansiosamente busca en lo externo, y que sin duda agradecerá recuperar. Quizá si nos atrevemos a liberar del todo y plenamente la fiera de nuestro potencial, recobremos algo de sentido en la vida y podamos colaborar a traer al mundo esa paz que ansiamos para nosotr@s y para que las mujeres de las generaciones venideras puedan vivir sus vidas, por fin, así de tranquilas.

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Acción Poética Madrid: La alegría es lo que hace falta para transformar el mundo

Si cada cultura crea un lenguaje, el lenguaje también crea una cultura. No sé si piensas que es lo mismo encontrar, pegado en las paredes de tu barrio, un cartel que ponga: «2X1 en yogures y televisores», que uno que diga: «Quiero hacer contigo lo que la primavera hace con los cerezos.» ¿Será tu dia igual sabiendo que alguna persona ahí fuera se ha tomado el interés de pegar poesías en la calle tan solo para contagiarte algo de pasión y de belleza, tan solo para que hoy sonrías un poco más?

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La idea le nació a Jorge García Izquierdo, un estudiante de Filología Hispánica de veintiún años, un día que caminaba por la Puerta del Sol y escuchó a uno de esos «predicadores» que con megáfonos y a voz en grito proclamaba la palabra del evangelio. Jorge se preguntó por qué no se haría algo así con la poesía, eso de retomar las plazas públicas para elevar la voz sobre el bullicio de la ciudad, para divulgar la palabra de los grandes poetas, muertos o vivos, y difundir así la lírica entre los habitantes de la urbe. Dicho y hecho. Se lo comunicó a algunos de sus compañeros de facultad, se armaron con un megáfono, un taburete, unos cuantos libros y copias de poemas para ser leídos, y también con sus voces deseosas de expresión, plenas de lirismo extraido de las aulas y llevado a pie de calle. Y desde aquel 13 de septiembre de 2013, el movimiento ya no ha parado.

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«Queremos continuar haciendo pegadas en las calles. Igual que vemos mucha publicidad, muchos carteles negativos, nosotros hacemos pegadas poéticas. Ya lo hicimos una vez en Lavapiés, y hubo gente que se lo encontró, nos mandó la foto, y nos dijo que le había encantado, nos dio las gracias. Es muy emocionante.» Pero Jorge explica que más allá de una mera expansión de la poesía, su deseo va encaminado a crear un espacio similar a un aula de aprendizaje. Haciendo mención a movimientos como Complu en la calle o Uni en la calle, en los que alumnos y profesores de universidades madrileñas se pusieron de acuerdo para organizar jornadas en las que ciertos espacios de la ciudad fueron ofrecidos para convertirse en aulas para todos los ciudadanos, también comenta que se fijaron en otras cosas ya hechas como La Barraca, el grupo de teatro de Lorca que iba por los pueblos ofreciendo este arte para gente que no sabía qué era el teatro ni había escuchado poesía en su vida. «El espíritu es el mismo.» Pone el ejemplo de la Acción Poética realizada en Fuenlabrada, donde se acudió a un conflicto social referido al cierre de un aula infantil en el único colegio público que queda en la zona. «Estábamos luchando por la educación pública sin decirlo abiertamente, pero no era desde la dureza de la situación, sino que estábamos disfrutando, estábamos dando alegría, y es justo lo que hace falta para poder transformar el mundo. Se suele decir: “Que el miedo cambie de bando”, pero deberíamos ir mucho más allá, lo que tiene que cambiar de bando es la alegría.»

Las Acciones Poéticas se están celebrando cada dos meses y este sábado 21 de febrero, con la temática de Poesía de Mujeres, se realizará la próxima –a las 18.30 en la Plaza de Aluche, junto a la estatua de la chica leyendo, como no podía ser de otra manera.

Jorge: En un año y cuatro meses hemos hecho un total de seis. Una de las características principales de Acción Poética Madrid (APM) es que cada vez se hace en un sitio diferente. Hicimos la primera en Sol, la segunda en Tirso, en Lavapies, la última en la Plaza de Santa Ana, hicimos una en la Plaza Mayor también, y es bonito porque cada sitio le da su regusto al recital poético. La de Fuenlabrada era mucho más popular, había gente que no había leido nunca poesía, y de repente pasó una tarde escuchando un recital y empezó a interesarse. En la Plaza Mayor la mitad de la gente que vino era extranjera y escuchamos poemas en griego, en turco… y claro, es muy bonito porque luego te lo intentan traducir, hablas con ellos… y la de Tirso fue la que mas me emocionó porque llovió muchísimo, y aun así de repente vimos que vinieron unas treinta personas… y justo cuando empezó el recital, dejó de llover. Pero lo que me parece más bonito de todo esto es que no hemos sido un grupo de amigos que se junta de vez en cuando para hacer su propio recital poético, no es tan endogámico como se pueden ver desde fuera otros espacios poéticos de la ciudad, que están muy bien, pero son más cerrados, sino que fue todo un poco improvisado, fue surgiendo y fluyendo. Hay gente que empezó al principio y que ahora ya no está, porque no ha tenido tiempo, porque no le apetece, y otras personas que nos han descubierto por carteles, por el Facebook, porque nos ha visto por la calle, porque nos conoce personalmente y ha empezado a participar y a aportar sus ideas. Es cierto que no somos un número importante de personas, podemos ser entre cinco y diez los que estamos trabajando en todos los aspectos, y luego hay otros que trabajan a otro nivel… y lo bonito es que hay quienes no habían estado antes en ningún espacio y esto les hizo la suficiente ilusión como para poder sentarse en el suelo y a través de la poesía discutir muchas cosas referentes a otros temas.

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Libera la Fiera: ¿Qué otros temas, por ejemplo?
J: Sobre todo en cuanto a nuestra organización, pero salen muchos temas en general porque todo está conectado. Si a mi por ejemplo me encanta hablar en femenino y todos los textos en nombre de APM los pongo en femenino, puede haber alguien que esté en contra. Voy a acabar generando un debate sobre cómo tratar el género en el lenguaje. Puedo generar un debate sobre la próxima APM pues como temática hemos escogido la poesía de mujeres. A mi me hubiera gustado ponerle el nombre de APM feminista pero obviamente se que eso no es tan popular como decir poesía de mujeres y que tú a través de ahí puedas acabar hablando de por qué es necesario hacer una APM solo de mujeres, o si no es necesario, o cuál ha sido la preponderancia del hombre a lo largo de la historia de la cultura, acabas generando un debate de género super interesante. O el mismo debate que surge en cuanto a la organización, por qué tenemos que hacer la APM en la calle, acabas debatiendo acerca de qué es un espacio público, con quién tienes que gestionar el espacio público, qué es la participación ciudadana…
LLF: ¿Cómo es el tema de esa gestión del espacio público?
J: hemos encontrado que muchas plazas se están privatizando literalmente, como Plaza de España por ejemplo. Un magnate chino le ha dado un dinero al Ayuntamiento de Madrid y ahora él puede hacer con ella lo que quiera. Pero una privatización se puede hacer de diferentes maneras, esta es la más explícita, pero también el hecho de que haya tantísimas trabas con la administración para decir que vamos a hacer una APM es una privatización encubierta. Al final sí nos dan los permisos, pero tardan un mes en darlo, si tú quieres tener una actividad semanal o quincenal tienes que ir a un lugar privado. Te echan, te están echando de lo que al fin y al cabo es de todos. Entiendo que si las personas que gestionan los ayuntamientos quisieran que el espacio público fuera para tí y para mi, los funcionarios tendrían claro cómo se hacen las cosas. No tiene que ser tan complicado.
LLF: Digamos que habéis tenido que ir descubriéndolo sobre la marcha…
J: Claro, porque lo que tampoco hay es una costumbre de la gente de solicitar espacios públicos. Yo por supuesto siempre pienso en la responsabilidad doble, cuando ocurre un problema, yo también tengo la responsabilidad de no crear otro tipo de cultura para arreglarlo. Y es cierto que si se participara más en cualquier tipo de cosas, la gente se conocería más, habría muchas más sinergias, se comenzaría a pensar que el mundo y la vida podrían ser de otra manera. Me parece mucho más peligrosa la postura de pensar que es otra persona la que me lo va a solucionar. Tenemos que autoempoderarnos y decir que somos nosotros mismos, haciendo cada uno lo que más le apetezca y con lo que mas a gusto se sienta, los que comencemos a hacer otro tipo de cosas, otro Madrid.

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LLF: ¿Encuentras fácilmente personas con estas mismas ideas?
J: Lo popular tiene una dificultad muy añadida que es que te encuentras con gente muy diferente, unos tienen una formación, otros tienen otra, y tienes que saber dar todos los pasos porque como en uno de los pasos te equivoques puede ser peligroso. Por ejemplo, por qué hacemos asambleas. Hay mucha gente a la que hacerlas le cansa, y decían que por qué no votábamos por internet, o lo decidíamos unos cuantos. Tener que discutir todo esto, eso también es un trabajo que nos sitúa en por qué es necesario que una sociedad tenga que ser lo suficientemente democrática como para debatir no solamente por internet sino en persona, y como para que no sea solo levantar manos y votar como si fuera un ejército, si no consensuar y participar.

Este es el modo en que Jorge encuentra que a través de la poesía están revolucionando muchisimas otras cosas. «Estamos haciendo que mucha gente que no había ido nunca a una asamblea tenga una conciencia democrática que a lo mejor si le das un panfleto o si le das a leer un libro no le llegará. Simplemente caen en otro espacio con otra manera de funcionar. Imagínate que hubiesen caido en otro lugar donde la forma de trabajar hubiese sido diferente y se pensasen que esa es la única manera de hacer las cosas, oye, pues así ya sabes que se puede funcionar de otro modo. La mayoría de la gente no está habituada a este tipo de cosas… entonces, bueno, no digo la palabra elefante pero a fin de cuentas es un animal enorme con unas orejas increibles y una trompa, pero yo no te voy a decir elefante por si acaso no te mola la palabra. Entonces no te digo que además de poesía estás adquiriendo otro tipo de cultura, pero sin querer estamos auto educándonos en colectivo en cuanto a funcionar democráticamente.»

En su trayectoria APM ha intentado estar en contacto con Acción Poética de otras ciudades, aunque no siempre ha sido lo más fácil consensuar posturas. Han contactado con un representante de acción poética de Latinoamérica, donde recalcan la importancia de llamarse Acción Poética Biblioteca + el nombre de la ciudad, debido a un problema de accesibilidad a las bibliotecas y los libros en Méjico. También han sabido de muchas personas que tienen sus paginas de Facebook y que comparten sus poesias, cuya acción no va más allá de lo virtual, y han tratado de contactar y unirse con algunas páginas ya existentes llamadas igual que ellos antes de crear la suya, pues les pareció lo más lógico, pero no han recibido respuesta, de manera que iniciaron su propio camino y comenzaron a brillar con luz propia.

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Otro de los temas a afrontar para la realización de las APM ha sido la financiación. Tras descartar la posibilidad de buscar un patrocinador para mantener su libertad de acción y debatir varias fórmulas como acudir a otros colectivos o realizar un crowfunding, llegaron finalmente al consenso de que se autofinanciarían vendiendo libros y marcapáginas. «A partir de la tercera APM, hicimos nuestra selección de poemas y empezamos a repartirlos por la calle. Mientras la gente estaba escuchando el recital, nosotros les repartíamos poemas y decían: “Esto por qué me lo das.” Es triste, pero normalmente reaccionan así porque piensan que les vas a vender algo. Y se quedan muy sorprendidos cuando les dices: “No, te regalo un poema. Quiero que lo conozcas, quiero que busques sobre este autor, quiero que te empiece a gustar la literatura y te lo regalo.” En Tirso un matrimonio al que se lo di se quedó tan flipado que me dijo: “Pues toma”, y me dio diez euros, y esa es otra manera de que la gente sienta que eso es suyo también, de que sea popular de verdad. “Yo participo en este sitio”, viniendo a Acción Poética Madrid ya puedes hacer que la gente diga esa frase. Normalmente cuando hablamos decimos: “Bueno, yo estudio esto, trabajo en tal sitio”, pero el “Yo participo” es algo dificil de escuchar. Ciertamente lo bonito es que cada vez se escucha más.»

El arte, un respiro en medio de la ciudad

Hace unos meses, regresando a Madrid desde Asturias, desde esa zona donde aún quedan, visibles, huellas de dinosaurios, escribía: “Hoy la naturaleza que me acompaña se encuentra en pequeños reductos llamados macetas o parques, de modo que regresar a una ciudad tan llena de pensamientos no se hace fácil.”

¿Por qué acudimos al arte? Hay motivos incontables, pero a mi más de una vez se me viene a la mente el mismo: el arte en ocasiones es una fuerza de la naturaleza expresada a través de nosotros, los humanos, y cuando no hay naturaleza cerca para armonizarnos con nuestros auténticos ritmos, acudimos a alguna representación de ella que, de un modo más o menos claro, directo o indirecto, alguien realizó.

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Es un ciclo. Uno entra en contacto consigo mismo, encuentra algunas verdades, propias o universales. Uno llega ahí, a ese centro y a esa verdad fundamental. Y al llegar, la quietud. Y en la quietud, las ganas, el deseo de compartir lo hallado con los demás. Con lo cual todo se convierte en un bucle que lleva del caos a la quietud, y del silencio al movimiento, en una especie de respiración contínua como la que nos expone Glenda León.

Llenar el espacio de las ciudades con algo verdadero. Rellenar esos huecos, vacíos -que están a veces muy vacíos los huecos llenos de las ciudades- rellenarlos precisamente con vacío, pero un vacío y un silencio que son plenos, que colman de verdad y que no tapan agujeros sino que exponen verdades sin parafernalias, sin pretensiones. Glenda como bien dice tiene la hermosa y sana intención, a través de su arte, no de una mera catarsis personal sino de contribuir a elevar el espíritu del que la observa y a embellecer el pensamiento.

Si nos damos cuenta, es el arte una hermosa herramienta que tenemos a nuestra disposición los seres humanos para recordarnos unos a otros cosas que importan. Podemos imaginar que somos un arpa que nadie toca. Que no sabemos cómo podemos sonar. Entonces viene una mano, digamos por llamarlo de algún modo que es la inspiración, que obliga a nuestras cuerdas a moverse, a vibrar, a expandirse y encogerse, a explorar sus verdaderas dimensiones y posibilidades sonoras. Podemos aporrear un arpa con rabia, una catarsis pura y dura, y eso en ningún momento estará mal ni será juzgable. Pero lo que es cierto es que de esa manera ese arpa jamás explorará toda su gama de posibilidades acústicas y vibratorias.

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Esa amplísima gama emocional es lo que llevamos dentro, y podemos explorar maneras de enriquecer su expresión. Hallaremos que hay tipos de arte que meramente nos remueven, y otros que, efectivamente, nos ayudan invitándonos a subirnos en sus alas a sobrevolar nuevas atmósferas. Nuevas atmósferas quizá jamás sospechadas en las ciudades. Nuevas atmósferas que no son nuevas en realidad, que siempre estuvieron y están ahí. Nuevas atmósferas que se respiran con facilidad en la naturaleza y de las que en las ciudades desconectamos con facilidad pasmosa. El arte capaz de conducirnos de la mano de vuelta a lo más esencial, tranquilo y limpio que hay en cada uno de nosotros es lo que nos ofrece Glenda León con su Cada respiro.

Ve a respirar. A la montaña. Al mar. A donde no se te olvide cuán profundamente puedes hacerlo. Y si en la ciudad se te olvida, acude a ver esta representación de la naturaleza en Matadero Madrid. Quizá te ayude a recordar lo más sencillo, lo que tienes más cerca de tí, lo que, por tan pequeño, es tan fácil de olvidar pero sin lo cual tu vida ni siquiera sería.

La sinfonía acuática

Acaba de ser liberado mi nuevo libro al torrente Amazon, como un pececillo que ya puede nadar libre en su andadura por el mundo.

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La sinfonía acuática lleva escrito desde hace  meses y no me decidía a dejarlo salir a pesar de que él ha sido insistente en su deseo de ver mundo. A veces tardamos en hacer lo que queremos, en compartir lo que hemos realizado. Pasan los meses y le quitamos importancia o nos distraemos con otras cosas, pero lo que hemos hecho está ahi. Digamos que nuestras creaciones, una vez realizadas, han adquirido vida propia, que palpitan y no nos es tan dado como pensamos ignorar esa vida que hemos creado. Este se ha puesto insistente en su deseo de salir. Y cuando por fin le he hecho caso, me he encontrado con esta agradable sorpresa: al segundo día de aparecer en Amazon, La sinfonía acuática se ha situado en el Nº 1 de los más vendidos en la categoría de libros de música.

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Una sorpresa, un regalo y un tesoro. Deseando que os guste y sobre todo, que os transmita algo bello y que os haga vibrar, aquí os dejo un fragmento de esta novela corta sobre música, agua, sencillez y otros asuntos universales, La sinfonía acuática.

“Si te dijeran que ya es tarde, ¿seguirías de todos modos afrontando tu destino? (…)
– ¿Tarde para qué? –ahora el cuchillo segaba una hogaza de pan. El viejo colocaba los trozos en la tabla junto al queso y una botella de cristal con aceite de oliva, un oro verdoso que traslucía al sol.
– Para volver atrás en el tiempo.
– Siempre es tarde para eso.
– Entonces no hay remedio.
– ¿Remedio para qué? –y el viejo sonreía cada vez con más amplitud.
– Para borrar mis errores.
– ¿Y quién te ha dicho que no es, precisamente, el tiempo que dices que no hay el que va a borrarlos? (…)
– No puedo dejar de atormentarme.
– Bueno –se sentó el viejo con cierta lentitud frente a él, haciendo girar una complicada maquinaria compuesta de engranajes que ya viraban hacia el desgaste– espero poder ayudarte con eso hoy.
– Yo también lo espero.
– ¿Crees que te puedes aferrar a una tormenta?
– Las tormentas pasan solas…
– Pues eso, hijo. Pues eso.”
La sinfonía acuática, Diana Córdoba

Ojalá este librito sobre la maravilla de la música os encandile…

Para qué crear lo que desaparece

Hay una práctica que realizan los monjes budistas: la creación de mandalas de arena. Es un trabajo de creación conjunta, una labor minuciosa que requiere su atención plena, concentración, colaboración y calma para obtener un bellísimo resultado. Pueden dedicar unas cuantas horas a la realización de un mandala de dimensiones considerables. Está repleto de detalles y de significados. Está impregnado de color y de riqueza simbólica.

Pero la mayor riqueza simbólica es su enseñanza total.

La enseñanza total de un mandala de arena es que un día tendrá que desaparecer.

Ellos lo crean, ellos mismos lo destruyen con la intención de practicar el desapego y de “no codiciar el resultado de sus actos”. Así tienen presente la impermanencia de todas las cosas. Qué pena, podría uno pensar, tantísimo trabajo, tan minucioso, tan amoroso, para barrerlo de una vez.

Sin embargo, hay más gente de la que parece que encuentra un gran gusto en la creación de lo efímero. No todo el arte está hecho para permanecer, ni ese tiene por qué ser su objetivo principal. Pero sí el de transmitir sensaciones, un mensaje que alcance a otros, que les toque, o simplemente sentir la libertad y liberación de expresarse. Hay un impulso que no nace de la utilidad, sino de necesidades básicas del ser humano de comunicación y expresión, así como de representación de lo inmaterial en lo material, creación de belleza, compartir espacios, crear colaborativamente… estas son algunas cualidades que ciertos artistas ponen en práctica con sus acciones. Cada vez hay más, anónimos, regalando su arte en la calle, dedicándose a embellecerla para los demás. A todos ellos, much respect, muchas gracias.

Aunque ese arte en las calles, igual que los mandalas, un día desaparecerá. ¿Qué sentido tiene entonces hacerlo? ¿Y acaso no podríamos cualquiera de nosotros hacernos esta misma pregunta respecto a nuestro quehacer cotidiano, ya sea referido a nuestras actividades artísticas o creativas, o a nuestro trabajo, familia…?

¿Qué sentido tiene hacerlo, si todo va adesaparecer de todos modos?

Esto mismo me planteaba en ocasiones respecto a mis talleres ocupacionales cuando trabajaba en un centro de daño cerebral. Nada de lo que hicieran mis pacientes se iba a vender. Nada de lo que hicieran iba a hacerles famosos, y en un principio no iba a exponerse en ningún museo. En muchas ocasiones se obtendrían acabados bastante dignos, pero en otras el resultado sería medianillo, o incluso algo chapucero. ¿Cuál era el sentido de mi trabajo con ellos, para qué hacer todas esas manualidades de cartulina, de yeso, de arcilla, pintura de dedos, todas esas flores de papel que decorarían la sala estacionalmente, en primavera y después irían a la basura?

Es sencillo. Porque lo importante no era el resultado. Era lo que pasaba en medio.

Quédate con esta frase, porque es una respuesta fácil, mil veces oída, y a la vez tremendamente difícil de asimilar.

Lo importante no era el resultado.

Los objetivos de los talleres eran favorecer la concentración, la atención, la recuperación de la motricidad de este o aquel movimiento afectado. Y más allá de esto, era un objetivo general el de aumentar su autoestima, la interrelación, la comunicación en el grupo, el establecimiento de lazos entre unos y otros a través de la actividad. Al final, que las flores quedasen más o menos bonitas era lo de menos. Lo importante era tener la sala decorada con algo que había salido de sus propias manos, y el ambiente colaborativo y de satisfacción que impregnaba la participación conjunta era bien distinto que el que habría de no haber existido tales actividades y de haber dedicado su tiempo a estar sentados viendo la tele mientras esperaban, pacientes, aburridos y aislados, a que llegase su turno de veinte minutos de fisioterapia en una larga mañana de cinco horas. Así un día, tras otro.

Con lo que te encanta hacer, pasa lo mismo ¿Para qué crear si no lo va a ver nadie, si no voy a vivir de ello, si es costoso, si no es útil? Bueno, lo primero es que todo eso no lo sabes. Pero aunque así fuera, el objetivo principal es reconocer con qué y cómo decides llenar tus horas mientras habitas, por el breve espacio de tiempo que te toca, esta tierra. Puedes escoger llenarlas con actividades que te dejan vacío aunque de primeras prometan llenarte. Puedes escoger llenarlas con los motivos razonables de otros, pero incoherentes para tu propio sentir y necesidades, tu propia manera de ver el mundo. Puedes escoger llenarlas con muchísimas cosas, miles de cosas, que te alejan de tí mismo. O puedes escoger llenar esas horas con algo que te guste, que te agrade y te apasione.

Así, cuando llegue el día de barrer esa arena de lo que fue tu paso por esta tierra, cuando el mandala de tu vida tenga que desaparecer, sería mucho más bonito que ciertas manos barriesen un dibujo que haya dicho cosas que se parezcan a quien eres tú de verdad. Si te fijas… al final del video que comparto, de esa urna donde simbólicamente se recogen las cenizas de ese mandala desaparecido, la arena cae grisácea. Pero al darle un enjuague a la urna y volver a tirarlas al agua del río, las cenizas salen de color coral. Esa es la diferencia. Tus cenizas saldrán un día de una urna, eso sucederá de todos modos. Pero pueden salir grises, o de colores, según con lo que hayas decidido colorear tu vida.

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Cuando ya casi he terminado, te voy a contar un secreto más. El mandala de los monjes budistas no queda, pero queda el mensaje. Cuando barren el mandala, reparten una parte de la arena entre quienes presenciaron la ceremonia a modo de bendición, mientras que otra parte de la arena se entrega a un río, lago o mar, con la intención de purificar el ambiente y a sus habitantes, y llevar esa bendición a todos los rincones de la tierra. Si tienes algo que crear, algo que decir, quizá desaparezca tu obra pero si consigues tocar con ella a otra persona, aunque sea solo a una, confía en que en ella quedará tu mensaje.

De dónde nace Libera la fiera

“La leyenda dice que Charlie Chaplin y Adolf Hitler se convertían en león al anochecer; uno concentró su energía hacia la creación, el otro hacia la destrucción. Sin embargo, en su forma animal, era prácticamente imposible distinguir a uno del otro.

– No tengo el mundo en mis manos.
– Tienes el tuyo.”
Mathias Malzieu, Metamorfosis en el cielo.

Hay algo de lo que quizá no nos hemos dado cuenta. Cuando deseamos, por ejemplo, la consabida paz en el mundo que desean todas las misses pero que en el fondo, es lo que nosotros también pedimos, o cuando buscamos enfocarnos en lo positivo y en lo creativo, hay un punto que solemos pasar por alto. Y es el hecho de que la energía que nos lleva a crear es exactamente la misma que puede llevarnos a destruir. Y es muy probable que no necesitemos convertirnos en ningún Hitler para convertir esa energía en destructiva. Basta con que la coartemos para que empiece a irse deslizando hacia la tristeza, la frustración, la ira, o la enfermedad. Y eso será lo que estaremos aportando al mundo en lugar de esa idea tan cojonuda que nos había venido a la mente y que por falta de tiempo, de recursos, o de fe en nosotros mismos finalmente no nos atrevimos a realizar. En lugar de esa idea tan cojonuda, o de ese pastel de zanahoria, o de esa clase de zumba que nos apetecía probar a hacer, y que no hicimos. Da igual, a nivel de bienestar lo mismo da. Tal como muy bien ilustra Mathias Malzieu en este breve texto, es una elección lo que hemos de hacer para utilizar esa energía hacia algo verdaderamente creativo, positivo y que nos deje una sensación de florecimiento en lugar de contención. En ocasiones la elección será fácil, y en otras requerirá de una más profunda atención y consciencia por nuestra parte acerca de ciertos mecanismos que quizá puedan hacernos caer en la trampa, llevándonos hacia el resultado contrario del que queríamos obtener.

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Libera la fiera nace de la necesidad cada vez más extendida de dar cabida en nuestra normalidad, en nuestra cotidianeidad, al mundo creativo, de devolverle su genuino lugar en nuestras vidas como algo tan inherente y propio del ser humano como pueda serlo cualquier otra necesidad básica de alimentación o cobijo. Podríamos decir que la creatividad es la alimentación y el cobijo del alma, del mundo emocional que cada vez está más a flor de piel y cada vez exige de nosotros una mayor atención. Es más, me aventuraría a decir que en sus orígenes la creatividad no estaba desligada de la cotidianeidad y la supervivencia, que se utilizaba para dar respuesta a necesidades elementales y que sin ella hubiera sigo muy dificil que la humanidad avanzase (sin haber inventado la rueda, sin haber descubierto el fuego o sin la creación de la catapulta de dinosaurios, quién sabe dónde estaríamos ahora…)

Cómo nos resistimos en ocasiones los humanos a hacer hueco a lo más precioso que hay en nosotros. Ahondar en el mundo creativo y en los pequeños y/o grandes frenos que encuentra en su camino, tanto por parte del exterior como, mayoritariamente, en nosotros mismos, en nuestras creencias y resistencias, es una de las intenciones de Libera la fiera para contribuir con un pequeño granito de arena a que liberes tu fiera creativa.

Como dice la escritora Elizabeth Gilbert: “Si no estoy creando algo enérgicamente, las opciones son que estoy a punto de empezar a destruir algo vigorosamente.”

 Elizabeth-Gilbert

 Y dime, a tí ¿cuál de ambas cosas te apetece hacer hoy?

Tres días para ver Five days to dance

Desde Libera la fiera tenemos claro que vamos a dedicar más de un artículo a la danza. Y digo esto porque nos resulta muy difícil resumir en pocas palabras lo que este mundo encierra. Pero deseamos escribir algo, y ante todo lo que deseamos es escribirlo ya, por un motivo: para invitaros sin más demora a que veáis el documental que estos días, y solo hasta el fin de semana que viene, está en Madrid, Five days to dance. Y es tal este deseo que hablaremos de él sin haberlo visto. Nos basta con el trailer. (Y con no perdérnoslo el finde que viene).

Dos coreógrafos, un instituto, cinco días para subirse a un escenario y danzar. Sólo una pregunta, ¿qué hubieras hecho tú si de adolescente te hubieran hecho bailar con todos tus compañeros de clase? El baile os obligaría a tocaros, a comunicaros… ¿crees que la experiencia te hubiera gustado, o te hubieras muerto de vergüenza? ¿Piensas que tal vez hubieran nacido muchas facetas nuevas de tí mismo y de tus compañeros, que quizá os hubierais conocido mejor? ¿Qué hubiera pasado, qué…?

Qué desconcertante. Qué hermoso. Qué delicado terreno explora esta cinta, el frágil límite del cuerpo, la peliaguda edad de la adolescencia en la que florecen y crecen las inseguridades pero también los primeros contactos con el mundo de lo físico, el potente derribo de barreras psicológicas que entraña la delicadeza de un cuerpo en contacto con otro, consigo mismo y con su más auténtica sensibilidad…

Galardonada recientemente con el premio Canal + en el Festival MiradasDoc, Five days to dance ha participado en el último Festival de Cine de San Sebastián y es candidata a ganar un premio Goya 2015 a la mejor película documental. Ha estado ya emitiéndose este fin de semana en la Cineteca de Matadero Madrid y aún podrás disfrutar de ella el fin de semana que viene, los días 2, 3 y 4 de enero a las 17.30.

“Todos sois preciosos haciendo esto. Recordadlo. (…) Todos tenéis algo bello dentro de vosotros. Mostradlo.”
Wilfried Van Poppel, coreógrafo en Five days to dance.

Y tú, ¿te animas a bailar?