8M Día de la mujer: Libera la fiera femenina

Ayer, enmarcado en el festival “Ellas crean” que hasta el 12 de abril se muestra en Conde Duque, asistí a la representación de Staying alive: the sacrifice os giants. Una pieza de danza en la que, entre sonidos acuáticos y oceánicos, cuatro mujeres-delfín hacen ver la sobrecogedora belleza con que estos animales se mueven en libertad, y cómo se van apagando ante el cautiverio. Al ver a estas mujeres representando a los cetáceos, primero brillantes, exultantes, haciéndose cargo de toda la amplitud de expresión que la vida ofrece en sus propios cuerpos y después viéndose este restringido por unas manos cazadoras, combativas y, sí, quizá masculinas, tratando de apresarlas, echándoles encima redes y sujetando con fiereza fría e impasible sus cabezas, sus mandíbulas, no pude evitar sentir la punzada del paralelismo que ante mi se hacía evidente: a las mujeres también muchas veces, del mismo modo, se nos ha tratado de apresar, de limitar nuestro natural movimiento y nuestra libre expresión.

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Al salir, doy así como quien no quiere la cosa con Arturo Prins. Su película Autopsia de un amor que se está proyectando desde el 20 de febrero y hasta la semana próxima en el Pequeño Cine Estudio Magallanes, genera un debate en torno a la opinión que defiende Arturo y alguno de sus colegas acerca del origen de los problemas de pareja: desear el control sobre el placer del otro. Arturo comenta que el placer de la mujer que es interminable e inmenso, y nombra el temor que existe en el hombre de ser devorado por esa gruta, por ese placer descomunal que él no siente con tal intensidad y que es incapaz de controlar. ¿Es por eso que se nos ha reducido y limitado a las mujeres durante milenios? ¿Qué pasaría si las mujeres se hiciesen cargo de ese placer hasta las cotas de las que son capaces? Es la pregunta que deja Arturo en el aire.

Hoy me hago partícipe de la marea violeta que ha avanzado desde Cibeles hasta la Puerta del Sol, celebrando el día de la mujer. En ella me encuentro una vulva femenina que pasea en procesión, bien visible, a plena luz del día, sin nada que esconder, y no puedo evitar reír. ¿Cuándo antinaturalizamos tanto todo este asunto, por Dios@?

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La manifestación ha contado con una batucada femenina potentísima, que ha llenado de ímpetu y aliento el avance de las mujeres, haciendo retumbar el asfalto bajo nuestros pies. Desconozco por qué se eligió en su momento el color violeta para abanderar este día. Una chica me responde que es el color de la integridad. Y me gusta esta explicación. Las veo avanzar. El brío de los tambores inunda el centro de Madrid. Las mujeres dueñas de su fuerza vienen así, alegres, tomando en las manos el poder del entusiasmo, de la música que hace despertar la tierra que habitamos, la que también es femenina, la que debajo del asfalto nos sustenta a todos, sin excepción. Agradezco con profundidad y alivio la fuerza de esos tambores tocados por mujeres en mitad de la ciudad, cuya vibración asciende por mis piernas y retumba en mi centro, recordándome una unión ancestral con algo que está más allá de toda máscara, de toda convención social, de toda restricción que aleja de una fuerza natural que nos habita, de la que formamos parte. Hoy puedo moverme, sí, puedo danzar con otras por las calles de mi ciudad y estoy agradecida. Y recuerdo y añoro esos años en la isla en los que danzaba mucho más plenamente descalza en la tierra, también con tambores, también con otras mujeres.

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Algunas opinan que la mujer del siglo XXI está completamente liberada y que muchos de los problemas que la generación de nuestras abuelas o nuestras madres vivieron ya no nos afectan, que han dejado de pulular definitivamente por nuestro inconsciente y nuestras células. Ojalá pronto así sea. Sin embargo hemos de tener presente que aún queda mucho por hacer. Son, quizá, muchos pequeños restos, y no tan pequeños, los que aún nos quedan por pulir.

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Pero, sí, afortunadamente, hemos avanzando, y lo seguimos haciendo,

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A algunas, y me incluyo, nos rechina la palabra feminismo. Y sin embargo no puedo evitar hacerme consciente de que nuestra generación tiene tanto y tanto que agradecer a todas las mujeres que empezaron, pocas y solas, a luchar en su momento, a hacerse visibles cuando era realmete peligroso hacerlo. Cuando en este momento, en según que partes del mundo, o en según que ambientes y en aspectos muy sutiles, aún lo es. Y tampoco puedo evitar que se me venga a la cabeza este párrafo del hilarante y a la vez crudo libro de Caitlin Moran Cómo ser mujer.

“Sin feminismo no te dejarían debatir el lugar de la mujer en la sociedad. Estarías demasiado ocupada pariendo en el suelo de la cocina, mordiendo una cuchara de madera para no estropear la partida de cartas de los hombres, antes de volver a limpiar la cal del retrete. Por eso me hacen tanta gracia esas mujeres columnistas del Daily Mail que se quejan diariamente del feminismo. Te pagan mil seiscientas libras por ello, querida, pienso. Y apuesto a que van a tu cuenta bancaria, no a la de tu marido. Cuantas más mujeres protesten, en voz alta, contra el feminismo, más probarán no solo que éste existe sino también que disfrutan de sus privilegios, ganados con tanto esfuerzo. (…) La idea de que nosotras nunca aceptaríamos chicas fáciles, chicas poco inteligentes, chicas criticonas, chicas que contratan señoras de la limpieza, chicas que se quedan en casa con sus hijos, chicas con un mini Metro rosa con pegatinas de “¡Impulsado por polvo de hadas!” en el parachoques, chicas con burka, o chicas a las que les gusta imaginarse casadas con Zach Braff de Scrubs, con el que se acuestan a veces en la ambulancia mientras el resto del reparto mira y luego aplaude. Pues, ¿sabes una cosa? En el feminismo entramos todas. ¿Qué es el feminismo? Sólo la convicción de que las mujeres deben ser tan libres como los hombres, por muy chifladas, estúpidas, crédulas, mal vestidas, gordas, menguantes, vagas y engreídas que sean. ¿Que si eres feminista? Ja, ja, ja. Por supuesto que sí.”

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Esperemos que podamos liberar cada vez más nuestra fiera femenina, que no es otra cosa que nuestra autenticidad, quienes somos verdaderamente, sin más máscaras impuestas, sin coerciones de las verdades que encerramos en nuestras psiques y en nuestros cuerpos. Nuestra conexión con los ciclos de la vida y con la maternidad probablemente encierre el gran potencial de hacernos conscientes con algo más de facilidad conscientes de una grandeza que Es más allá de lo establecido, de esa necesidad de control generalizado que existe entre los seres humanos ante la imposibilidad de abarcar la grandeza de la vida, de la que formamos parte. Quizá reconectar con ese mundo devuelva a la sociedad en general muchas cosas de las que adolece, que ansiosamente busca en lo externo, y que sin duda agradecerá recuperar. Quizá si nos atrevemos a liberar del todo y plenamente la fiera de nuestro potencial, recobremos algo de sentido en la vida y podamos colaborar a traer al mundo esa paz que ansiamos para nosotr@s y para que las mujeres de las generaciones venideras puedan vivir sus vidas, por fin, así de tranquilas.

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Acción Poética Madrid: La alegría es lo que hace falta para transformar el mundo

Si cada cultura crea un lenguaje, el lenguaje también crea una cultura. No sé si piensas que es lo mismo encontrar, pegado en las paredes de tu barrio, un cartel que ponga: «2X1 en yogures y televisores», que uno que diga: «Quiero hacer contigo lo que la primavera hace con los cerezos.» ¿Será tu dia igual sabiendo que alguna persona ahí fuera se ha tomado el interés de pegar poesías en la calle tan solo para contagiarte algo de pasión y de belleza, tan solo para que hoy sonrías un poco más?

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La idea le nació a Jorge García Izquierdo, un estudiante de Filología Hispánica de veintiún años, un día que caminaba por la Puerta del Sol y escuchó a uno de esos «predicadores» que con megáfonos y a voz en grito proclamaba la palabra del evangelio. Jorge se preguntó por qué no se haría algo así con la poesía, eso de retomar las plazas públicas para elevar la voz sobre el bullicio de la ciudad, para divulgar la palabra de los grandes poetas, muertos o vivos, y difundir así la lírica entre los habitantes de la urbe. Dicho y hecho. Se lo comunicó a algunos de sus compañeros de facultad, se armaron con un megáfono, un taburete, unos cuantos libros y copias de poemas para ser leídos, y también con sus voces deseosas de expresión, plenas de lirismo extraido de las aulas y llevado a pie de calle. Y desde aquel 13 de septiembre de 2013, el movimiento ya no ha parado.

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«Queremos continuar haciendo pegadas en las calles. Igual que vemos mucha publicidad, muchos carteles negativos, nosotros hacemos pegadas poéticas. Ya lo hicimos una vez en Lavapiés, y hubo gente que se lo encontró, nos mandó la foto, y nos dijo que le había encantado, nos dio las gracias. Es muy emocionante.» Pero Jorge explica que más allá de una mera expansión de la poesía, su deseo va encaminado a crear un espacio similar a un aula de aprendizaje. Haciendo mención a movimientos como Complu en la calle o Uni en la calle, en los que alumnos y profesores de universidades madrileñas se pusieron de acuerdo para organizar jornadas en las que ciertos espacios de la ciudad fueron ofrecidos para convertirse en aulas para todos los ciudadanos, también comenta que se fijaron en otras cosas ya hechas como La Barraca, el grupo de teatro de Lorca que iba por los pueblos ofreciendo este arte para gente que no sabía qué era el teatro ni había escuchado poesía en su vida. «El espíritu es el mismo.» Pone el ejemplo de la Acción Poética realizada en Fuenlabrada, donde se acudió a un conflicto social referido al cierre de un aula infantil en el único colegio público que queda en la zona. «Estábamos luchando por la educación pública sin decirlo abiertamente, pero no era desde la dureza de la situación, sino que estábamos disfrutando, estábamos dando alegría, y es justo lo que hace falta para poder transformar el mundo. Se suele decir: “Que el miedo cambie de bando”, pero deberíamos ir mucho más allá, lo que tiene que cambiar de bando es la alegría.»

Las Acciones Poéticas se están celebrando cada dos meses y este sábado 21 de febrero, con la temática de Poesía de Mujeres, se realizará la próxima –a las 18.30 en la Plaza de Aluche, junto a la estatua de la chica leyendo, como no podía ser de otra manera.

Jorge: En un año y cuatro meses hemos hecho un total de seis. Una de las características principales de Acción Poética Madrid (APM) es que cada vez se hace en un sitio diferente. Hicimos la primera en Sol, la segunda en Tirso, en Lavapies, la última en la Plaza de Santa Ana, hicimos una en la Plaza Mayor también, y es bonito porque cada sitio le da su regusto al recital poético. La de Fuenlabrada era mucho más popular, había gente que no había leido nunca poesía, y de repente pasó una tarde escuchando un recital y empezó a interesarse. En la Plaza Mayor la mitad de la gente que vino era extranjera y escuchamos poemas en griego, en turco… y claro, es muy bonito porque luego te lo intentan traducir, hablas con ellos… y la de Tirso fue la que mas me emocionó porque llovió muchísimo, y aun así de repente vimos que vinieron unas treinta personas… y justo cuando empezó el recital, dejó de llover. Pero lo que me parece más bonito de todo esto es que no hemos sido un grupo de amigos que se junta de vez en cuando para hacer su propio recital poético, no es tan endogámico como se pueden ver desde fuera otros espacios poéticos de la ciudad, que están muy bien, pero son más cerrados, sino que fue todo un poco improvisado, fue surgiendo y fluyendo. Hay gente que empezó al principio y que ahora ya no está, porque no ha tenido tiempo, porque no le apetece, y otras personas que nos han descubierto por carteles, por el Facebook, porque nos ha visto por la calle, porque nos conoce personalmente y ha empezado a participar y a aportar sus ideas. Es cierto que no somos un número importante de personas, podemos ser entre cinco y diez los que estamos trabajando en todos los aspectos, y luego hay otros que trabajan a otro nivel… y lo bonito es que hay quienes no habían estado antes en ningún espacio y esto les hizo la suficiente ilusión como para poder sentarse en el suelo y a través de la poesía discutir muchas cosas referentes a otros temas.

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Libera la Fiera: ¿Qué otros temas, por ejemplo?
J: Sobre todo en cuanto a nuestra organización, pero salen muchos temas en general porque todo está conectado. Si a mi por ejemplo me encanta hablar en femenino y todos los textos en nombre de APM los pongo en femenino, puede haber alguien que esté en contra. Voy a acabar generando un debate sobre cómo tratar el género en el lenguaje. Puedo generar un debate sobre la próxima APM pues como temática hemos escogido la poesía de mujeres. A mi me hubiera gustado ponerle el nombre de APM feminista pero obviamente se que eso no es tan popular como decir poesía de mujeres y que tú a través de ahí puedas acabar hablando de por qué es necesario hacer una APM solo de mujeres, o si no es necesario, o cuál ha sido la preponderancia del hombre a lo largo de la historia de la cultura, acabas generando un debate de género super interesante. O el mismo debate que surge en cuanto a la organización, por qué tenemos que hacer la APM en la calle, acabas debatiendo acerca de qué es un espacio público, con quién tienes que gestionar el espacio público, qué es la participación ciudadana…
LLF: ¿Cómo es el tema de esa gestión del espacio público?
J: hemos encontrado que muchas plazas se están privatizando literalmente, como Plaza de España por ejemplo. Un magnate chino le ha dado un dinero al Ayuntamiento de Madrid y ahora él puede hacer con ella lo que quiera. Pero una privatización se puede hacer de diferentes maneras, esta es la más explícita, pero también el hecho de que haya tantísimas trabas con la administración para decir que vamos a hacer una APM es una privatización encubierta. Al final sí nos dan los permisos, pero tardan un mes en darlo, si tú quieres tener una actividad semanal o quincenal tienes que ir a un lugar privado. Te echan, te están echando de lo que al fin y al cabo es de todos. Entiendo que si las personas que gestionan los ayuntamientos quisieran que el espacio público fuera para tí y para mi, los funcionarios tendrían claro cómo se hacen las cosas. No tiene que ser tan complicado.
LLF: Digamos que habéis tenido que ir descubriéndolo sobre la marcha…
J: Claro, porque lo que tampoco hay es una costumbre de la gente de solicitar espacios públicos. Yo por supuesto siempre pienso en la responsabilidad doble, cuando ocurre un problema, yo también tengo la responsabilidad de no crear otro tipo de cultura para arreglarlo. Y es cierto que si se participara más en cualquier tipo de cosas, la gente se conocería más, habría muchas más sinergias, se comenzaría a pensar que el mundo y la vida podrían ser de otra manera. Me parece mucho más peligrosa la postura de pensar que es otra persona la que me lo va a solucionar. Tenemos que autoempoderarnos y decir que somos nosotros mismos, haciendo cada uno lo que más le apetezca y con lo que mas a gusto se sienta, los que comencemos a hacer otro tipo de cosas, otro Madrid.

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LLF: ¿Encuentras fácilmente personas con estas mismas ideas?
J: Lo popular tiene una dificultad muy añadida que es que te encuentras con gente muy diferente, unos tienen una formación, otros tienen otra, y tienes que saber dar todos los pasos porque como en uno de los pasos te equivoques puede ser peligroso. Por ejemplo, por qué hacemos asambleas. Hay mucha gente a la que hacerlas le cansa, y decían que por qué no votábamos por internet, o lo decidíamos unos cuantos. Tener que discutir todo esto, eso también es un trabajo que nos sitúa en por qué es necesario que una sociedad tenga que ser lo suficientemente democrática como para debatir no solamente por internet sino en persona, y como para que no sea solo levantar manos y votar como si fuera un ejército, si no consensuar y participar.

Este es el modo en que Jorge encuentra que a través de la poesía están revolucionando muchisimas otras cosas. «Estamos haciendo que mucha gente que no había ido nunca a una asamblea tenga una conciencia democrática que a lo mejor si le das un panfleto o si le das a leer un libro no le llegará. Simplemente caen en otro espacio con otra manera de funcionar. Imagínate que hubiesen caido en otro lugar donde la forma de trabajar hubiese sido diferente y se pensasen que esa es la única manera de hacer las cosas, oye, pues así ya sabes que se puede funcionar de otro modo. La mayoría de la gente no está habituada a este tipo de cosas… entonces, bueno, no digo la palabra elefante pero a fin de cuentas es un animal enorme con unas orejas increibles y una trompa, pero yo no te voy a decir elefante por si acaso no te mola la palabra. Entonces no te digo que además de poesía estás adquiriendo otro tipo de cultura, pero sin querer estamos auto educándonos en colectivo en cuanto a funcionar democráticamente.»

En su trayectoria APM ha intentado estar en contacto con Acción Poética de otras ciudades, aunque no siempre ha sido lo más fácil consensuar posturas. Han contactado con un representante de acción poética de Latinoamérica, donde recalcan la importancia de llamarse Acción Poética Biblioteca + el nombre de la ciudad, debido a un problema de accesibilidad a las bibliotecas y los libros en Méjico. También han sabido de muchas personas que tienen sus paginas de Facebook y que comparten sus poesias, cuya acción no va más allá de lo virtual, y han tratado de contactar y unirse con algunas páginas ya existentes llamadas igual que ellos antes de crear la suya, pues les pareció lo más lógico, pero no han recibido respuesta, de manera que iniciaron su propio camino y comenzaron a brillar con luz propia.

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Otro de los temas a afrontar para la realización de las APM ha sido la financiación. Tras descartar la posibilidad de buscar un patrocinador para mantener su libertad de acción y debatir varias fórmulas como acudir a otros colectivos o realizar un crowfunding, llegaron finalmente al consenso de que se autofinanciarían vendiendo libros y marcapáginas. «A partir de la tercera APM, hicimos nuestra selección de poemas y empezamos a repartirlos por la calle. Mientras la gente estaba escuchando el recital, nosotros les repartíamos poemas y decían: “Esto por qué me lo das.” Es triste, pero normalmente reaccionan así porque piensan que les vas a vender algo. Y se quedan muy sorprendidos cuando les dices: “No, te regalo un poema. Quiero que lo conozcas, quiero que busques sobre este autor, quiero que te empiece a gustar la literatura y te lo regalo.” En Tirso un matrimonio al que se lo di se quedó tan flipado que me dijo: “Pues toma”, y me dio diez euros, y esa es otra manera de que la gente sienta que eso es suyo también, de que sea popular de verdad. “Yo participo en este sitio”, viniendo a Acción Poética Madrid ya puedes hacer que la gente diga esa frase. Normalmente cuando hablamos decimos: “Bueno, yo estudio esto, trabajo en tal sitio”, pero el “Yo participo” es algo dificil de escuchar. Ciertamente lo bonito es que cada vez se escucha más.»