SILKE: VIRAJES DE RUMBO EN EL CAMINO DE LOS SUEÑOS

Silke enseguida nos invita a sentarnos en la “trastienda”, en la partecita de detrás de su puesto en Las Dalias. Está iluminado con calidez, con la misma con la que atiende a sus clientes, a los que prueba los cinturones y complementos que hace y personaliza a mano, bajo la marca by Silke. Allí donde están las cajas y las herramientas, y un ventilador un poco desvencijado, charlamos.

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Libera la Fiera: En Libera la Fiera queremos entender los distintos mecanismos que intervienen en el proceso creativo, y nos causa mucha curiosidad el momento en que rompes con lo que estabas haciendo, tu carrera como actriz y con estar de cara al gran público.
Silke: Lo que me pasó fue muy rápido. En la etapa de 1 año hice 3 películas, se estrenaron las 3 y me hice muy famosa. De un día para otro no podía salir a la calle. Yo estaba acostumbrada a otra cosa, era muy libre. Me gustaba ir al rastro a tomarme unas cañas, o irme a un concierto. De pronto eso era impensable. Mi vida se limitó. Cuando iba a firmar los contratos de las promociones de las tres películas, hablando un día con Paco Pino, que me preparó para Tierra, me dijo: “Ahora es el estreno. A toda la gente que llega a la fama se le va la cabeza. Unos vuelven y otros no.” Yo desde el principio pensé que no quería que eso me ocurriera. Quería seguir siendo yo, tener mis amigos, tener mi vida. Siempre fui muy cuidadosa. Pero me di cuenta de que no fue a mí a quien se le fue la cabeza, se le fue a toda la gente que estaba a mi alrededor. Las que no eran mis amigas querían serlo, las que eran amigas o hasta mi propia familia, gente muy cercana, de repente me trataba diferente. Me llegaban niñas temblando por la calle pidiéndome un autógrafo, como si hubieran visto un monstruo. Todo vino del primer casting que hice en mi vida. Por eso quise insistir y seguir un poco, porque lo que me pasó es un regalo. No creo que haya una actriz en toda España que no sueñe y desee que le ocurra lo que me pasó. Y de repente me pasa a mí y no lo quiero.
LLF: ¿Cómo te sentiste ante eso?
S: Pues cada uno es como es, yo sentí que no estaba diseñada para esto. Para poder estar donde a mi me colocaron tienes que saber estar. Todo esto me ocurrió con 21 años. Lo que necesitaba era salir a la calle sin que me reconocieran y me fui a la India unos meses.
LLF: ¿Por qué piensas que la vida te trajo esta experiencia?
S: He sido siempre de experiencias muy fuertes. Con 19 años me fui sola a la India, con 17 me marché de casa…Es gracioso porque cuando me cogieron para la película de Julio Medem, yo estaba ahorrando para irme a dar la vuelta al mundo con mis mejores amigos y ese era el sueño de mi vida. Estaba en Ibiza vendiendo en el mercadillo plata y cosas que traía de la India. Me suponía mucho dinero ir a hacer la segunda prueba y llamé para decir que no. Al día siguiente me llamaron: “Silke, vente que Julio está especialmente interesado en ti.” Pero ese no era mi sueño en aquel momento. Fue un dilema: “Qué hago, ¿el viaje de mi vida o me voy a hacer la película con Julio Medem?” Esta parte nunca la había contado…
LLF: ¿Cómo te sentiste con esa decisión?
S: Muchas veces me arrepentí de no haber cogido el otro camino, pero seguramente si lo hubiera tomado me hubiera arrepentido de todos modos. Pensé: “Dejo que la vida decida. Voy, invierto el dinero, y si me cogen se supone que es por ahí por donde tengo que ir.” Y claro, fui tan relajada a hacer el casting… Quizá las otras chicas iban temblando, pero yo pensaba: “Si no me sale bien no pasa nada, me voy a dar la vuelta al mundo.” Además no soy la típica actriz de vocación que lo deja todo por la interpretación, también me encanta pintar, me encanta bailar… El arte dramático me gusta, lo he pasado muy bien, no digo que nunca haré nada más, porque ahí está la puerta. En realidad nunca lo cerré, sino que empecé a hacer otras cosas.
LLF: Cuando te llegó esa oportunidad, te interesaba más el teatro…
S: Tenía muchas ganas de tener un grupo de teatro experimental y viajar con él. Un par de años antes había visto un espectáculo de La Fura dels Baus y me quedé impresionada. Pensé: “Me encantaría hacer algo así.” Pero casi me veía más dirigiéndolo que haciéndolo.
LLF: ¿Ahora te apetecería retomar ese proyecto, compaginándolo con todo lo que haces?
S: En algún momento lo he pensado, pero estoy tan centrada en la marca que tengo, más mi peque… Para meterte en algo así hace falta tener mucha energía y mucho tiempo del cual carezco en este momento.
LLF: ¿Ha habido algún momento en tu vida en el que hayas cortado por algún motivo tu creatividad, que no haya salido con la misma fluidez?
S: No, porque nunca he tenido la obligación de crear, gracias a Dios. Yo hago las colecciones cuando me apetece, diseño lo que quiero, no estoy forzada ni obligada por nada ni nadie a la creatividad. Por eso siempre he querido que mi marca se mantenga pequeña, no quiero meterme en la vorágine de la moda de colección de primavera, verano, otoño, invierno. Quiero que sea un producto artesanal, hecho a mano, poder tener contacto con el cliente, que pueda hacer las cosas que ellos quieran. Cuando me surja y me apetezca crear cosas nuevas lo haré y cuando no, no. No quiero estar forzada por nada de nada, quiero hacer lo que yo sienta y lo que me guste.
LLF: Imagino que esto encaja con la vida tranquila que elegiste tener.
S: Hombre, tranquila, tranquila… (ríe) no te engañes, porque no paro. Pero sí, la isla me permite vivir en el pequeño mundo que yo he elegido. Es un lugar donde me siento muy libre, donde siento la naturaleza, a la vez estoy conectada con mi familia que está en España, tengo todo lo que en realidad necesito. Gracias a Dios hasta que he sido madre nunca he tenido ninguna atadura
LLF: ¿Qué tal compaginar la maternidad y la creatividad?
S: Maravilloso, es la mejor creación que he hecho en mi vida ¡Madre mía! Me ha salido una obra de arte. No puedo estar más enamorada de ella, admirarla más, es la experiencia más bonita que he tenido, muy lejos de cualquier otra. Todo lo demás es secundario. Mi hija solo me da y me da y me da y me da. Todo lo que puedo yo dar a cambio de ello es poco. Lo que pasa que los tiempos están un poco difíciles, ahora hay que ser mujer trabajadora, madre, ocuparte de la casa, el novio, de tus amigos, el ocio… es un poco difícil. Yo lo tengo todo con pinzas la verdad, pero feliz, porque hago lo que yo quiero.

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8M Día de la mujer: Libera la fiera femenina

Ayer, enmarcado en el festival “Ellas crean” que hasta el 12 de abril se muestra en Conde Duque, asistí a la representación de Staying alive: the sacrifice os giants. Una pieza de danza en la que, entre sonidos acuáticos y oceánicos, cuatro mujeres-delfín hacen ver la sobrecogedora belleza con que estos animales se mueven en libertad, y cómo se van apagando ante el cautiverio. Al ver a estas mujeres representando a los cetáceos, primero brillantes, exultantes, haciéndose cargo de toda la amplitud de expresión que la vida ofrece en sus propios cuerpos y después viéndose este restringido por unas manos cazadoras, combativas y, sí, quizá masculinas, tratando de apresarlas, echándoles encima redes y sujetando con fiereza fría e impasible sus cabezas, sus mandíbulas, no pude evitar sentir la punzada del paralelismo que ante mi se hacía evidente: a las mujeres también muchas veces, del mismo modo, se nos ha tratado de apresar, de limitar nuestro natural movimiento y nuestra libre expresión.

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Al salir, doy así como quien no quiere la cosa con Arturo Prins. Su película Autopsia de un amor que se está proyectando desde el 20 de febrero y hasta la semana próxima en el Pequeño Cine Estudio Magallanes, genera un debate en torno a la opinión que defiende Arturo y alguno de sus colegas acerca del origen de los problemas de pareja: desear el control sobre el placer del otro. Arturo comenta que el placer de la mujer que es interminable e inmenso, y nombra el temor que existe en el hombre de ser devorado por esa gruta, por ese placer descomunal que él no siente con tal intensidad y que es incapaz de controlar. ¿Es por eso que se nos ha reducido y limitado a las mujeres durante milenios? ¿Qué pasaría si las mujeres se hiciesen cargo de ese placer hasta las cotas de las que son capaces? Es la pregunta que deja Arturo en el aire.

Hoy me hago partícipe de la marea violeta que ha avanzado desde Cibeles hasta la Puerta del Sol, celebrando el día de la mujer. En ella me encuentro una vulva femenina que pasea en procesión, bien visible, a plena luz del día, sin nada que esconder, y no puedo evitar reír. ¿Cuándo antinaturalizamos tanto todo este asunto, por Dios@?

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La manifestación ha contado con una batucada femenina potentísima, que ha llenado de ímpetu y aliento el avance de las mujeres, haciendo retumbar el asfalto bajo nuestros pies. Desconozco por qué se eligió en su momento el color violeta para abanderar este día. Una chica me responde que es el color de la integridad. Y me gusta esta explicación. Las veo avanzar. El brío de los tambores inunda el centro de Madrid. Las mujeres dueñas de su fuerza vienen así, alegres, tomando en las manos el poder del entusiasmo, de la música que hace despertar la tierra que habitamos, la que también es femenina, la que debajo del asfalto nos sustenta a todos, sin excepción. Agradezco con profundidad y alivio la fuerza de esos tambores tocados por mujeres en mitad de la ciudad, cuya vibración asciende por mis piernas y retumba en mi centro, recordándome una unión ancestral con algo que está más allá de toda máscara, de toda convención social, de toda restricción que aleja de una fuerza natural que nos habita, de la que formamos parte. Hoy puedo moverme, sí, puedo danzar con otras por las calles de mi ciudad y estoy agradecida. Y recuerdo y añoro esos años en la isla en los que danzaba mucho más plenamente descalza en la tierra, también con tambores, también con otras mujeres.

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Algunas opinan que la mujer del siglo XXI está completamente liberada y que muchos de los problemas que la generación de nuestras abuelas o nuestras madres vivieron ya no nos afectan, que han dejado de pulular definitivamente por nuestro inconsciente y nuestras células. Ojalá pronto así sea. Sin embargo hemos de tener presente que aún queda mucho por hacer. Son, quizá, muchos pequeños restos, y no tan pequeños, los que aún nos quedan por pulir.

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Pero, sí, afortunadamente, hemos avanzando, y lo seguimos haciendo,

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A algunas, y me incluyo, nos rechina la palabra feminismo. Y sin embargo no puedo evitar hacerme consciente de que nuestra generación tiene tanto y tanto que agradecer a todas las mujeres que empezaron, pocas y solas, a luchar en su momento, a hacerse visibles cuando era realmete peligroso hacerlo. Cuando en este momento, en según que partes del mundo, o en según que ambientes y en aspectos muy sutiles, aún lo es. Y tampoco puedo evitar que se me venga a la cabeza este párrafo del hilarante y a la vez crudo libro de Caitlin Moran Cómo ser mujer.

“Sin feminismo no te dejarían debatir el lugar de la mujer en la sociedad. Estarías demasiado ocupada pariendo en el suelo de la cocina, mordiendo una cuchara de madera para no estropear la partida de cartas de los hombres, antes de volver a limpiar la cal del retrete. Por eso me hacen tanta gracia esas mujeres columnistas del Daily Mail que se quejan diariamente del feminismo. Te pagan mil seiscientas libras por ello, querida, pienso. Y apuesto a que van a tu cuenta bancaria, no a la de tu marido. Cuantas más mujeres protesten, en voz alta, contra el feminismo, más probarán no solo que éste existe sino también que disfrutan de sus privilegios, ganados con tanto esfuerzo. (…) La idea de que nosotras nunca aceptaríamos chicas fáciles, chicas poco inteligentes, chicas criticonas, chicas que contratan señoras de la limpieza, chicas que se quedan en casa con sus hijos, chicas con un mini Metro rosa con pegatinas de “¡Impulsado por polvo de hadas!” en el parachoques, chicas con burka, o chicas a las que les gusta imaginarse casadas con Zach Braff de Scrubs, con el que se acuestan a veces en la ambulancia mientras el resto del reparto mira y luego aplaude. Pues, ¿sabes una cosa? En el feminismo entramos todas. ¿Qué es el feminismo? Sólo la convicción de que las mujeres deben ser tan libres como los hombres, por muy chifladas, estúpidas, crédulas, mal vestidas, gordas, menguantes, vagas y engreídas que sean. ¿Que si eres feminista? Ja, ja, ja. Por supuesto que sí.”

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Esperemos que podamos liberar cada vez más nuestra fiera femenina, que no es otra cosa que nuestra autenticidad, quienes somos verdaderamente, sin más máscaras impuestas, sin coerciones de las verdades que encerramos en nuestras psiques y en nuestros cuerpos. Nuestra conexión con los ciclos de la vida y con la maternidad probablemente encierre el gran potencial de hacernos conscientes con algo más de facilidad conscientes de una grandeza que Es más allá de lo establecido, de esa necesidad de control generalizado que existe entre los seres humanos ante la imposibilidad de abarcar la grandeza de la vida, de la que formamos parte. Quizá reconectar con ese mundo devuelva a la sociedad en general muchas cosas de las que adolece, que ansiosamente busca en lo externo, y que sin duda agradecerá recuperar. Quizá si nos atrevemos a liberar del todo y plenamente la fiera de nuestro potencial, recobremos algo de sentido en la vida y podamos colaborar a traer al mundo esa paz que ansiamos para nosotr@s y para que las mujeres de las generaciones venideras puedan vivir sus vidas, por fin, así de tranquilas.

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